Cada portón corredizo pesado o pluma vehicular arranca con una visita técnica y termina con pruebas de ciclo real. Entre medio hay mediciones, obra civil, montaje de motor y ajuste de seguridad. Este es el recorrido habitual en parques logísticos y depósitos de alto tránsito.
Medimos el vano, el peso estimado de la hoja, el tipo de tráfico (camión, utilitario o mixto) y la disponibilidad eléctrica. También revisamos si el riel existente aguanta o hay que reemplazarlo. Sin esta visita no se elige motor ni herrajes.
Definimos tipo de portón o pluma, motor de alto tránsito, fotocélulas, balizas y lazo inductivo si hace falta. Queda por escrito qué incluye la obra civil y qué corre por cuenta del cliente, para evitar sorpresas durante el montaje.
Nivelación de rieles, anclajes, canalizaciones y punto de alimentación. En portones corredizos de 9 a 12 metros esta etapa define si el desplazamiento va a ser estable o va a saltar con el uso continuo.
Instalamos cremallera, rodamientos, embrague de seguridad y el motor trifásico o monofásico según carga. La pluma vehicular se monta con su brazo articulado y control por carril cuando hay flota mixta.
Verificamos tiempos de apertura, frenado, reverso por obstáculo y respuesta de fotocélulas. Se prueba con el tráfico real del parque, no solo en vacío, porque ahí aparecen los ajustes finos.
Capacitamos al personal de portería, dejamos el esquema de conexión y acordamos mantenimiento preventivo sobre rieles, rodamientos y cremallera. El ciclo de servicio depende del volumen diario de vehículos.
Si querés ver cómo se aplica esto en obra, revisá los casos de instalación o pasá por los formatos de servicio para comparar alcances.